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Archive for 17/08/11

Una de las cosas que más me ha llamado la atención del complejo de reflexiones, deliberaciones y conversaciones que están teniendo lugar al hilo de la propuesta formulada por Bildu para conformar una candidatura abertzale unitaria de cara a las próximas elecciones generales, es la escasa contestación que la idea ha recibido desde las filas de la izquierda abertzale. Parece que nadie se opone a la propuesta. Nadie plantea la más mínima objeción. Todo el mundo la aplaude. Da la sensación de que, súbitamente, todo el bagaje argumental que durante años se ha utilizado para denostar la participación en las elecciones generales, a la que se ha llegado a considerar como un acto de servilismo españolista, impropio de formaciones auténticamente abertzales, se ha esfumado en el aire, o ha perdido la fuerza de convicción que antaño le acompañaba.

Pegatina preconizando la abstención en las elecciones de 1977

Si uno echa un vistazo atrás y recuerda lo que se dijo e hizo desde la izquierda abertzale en vísperas de las elecciones generales de 1977, así como lo que en ese entorno político se ha venido defendiendo desde entonces con respecto a la presencia en las instituciones representativas del Estado español, no puede dejar de sorprenderse ante la mansedumbre, docilidad y hasta complacencia con la que ha sido acogida la propuesta verbalizada ante los medios de comunicación por la “independiente” de Bildu Jone Goirizelaia.

Tras la muerte de Franco, todas las formaciones políticas, colectivos, coordinadoras, agrupaciones, grupos y grupúsculos empezaron a tomar posiciones de cara a la etapa que se abría. Ya no se trataba de organizar la resistencia desde la clandestinidad, sino de hacer política a la luz de día.  El panorama iba a cambiar de modo radical. Era preciso acomodar la acción política a los nuevos tiempos, con estrategias, lemas y argumentos adaptados a las nuevas circunstancias.

A principios de 1977, visto ya el resultado del referéndum celebrado los meses anteriores para la ratificación de la reforma política, la Koordinadora Abertzale Sozialista (KAS) inició un debate interno sobre la pertinencia de participar o no en las elecciones constituyentes que habían de celebrarse a lo largo de ese año. Era la primera cuestión sobre la que habia que pronunciarse. Inicialmente, ETA (pm) era partidaria de participar, mientras la rama militar de esa misma organización – los milis– hacía votos por el boicot. Los primeros argüían que la participación en los comicios permitía dar concreción a los planteamientos teóricos que venían defendiendo en torno al poder popular. Los segundos, por su poarte, consideraban que la lucha armada y su protagonismo en ella, dejarían de tener sentido si KAS concurría a las elecciones españolas, legitimando el Estado español y desdibujando su perfil resistente y revolucionario. Claro que, apelando a la autoridad de Lenin, cuyo pensamiento formaba parte, al menos entonces, del acervo común y compartido por ambas ramas, los polimilis descalificaban la actitud abstencionista de sus oponentes, como propia del “izquierdismo infantil”. Por aquello -ya se sabe- de que el izquierdismo es la enfermedad infantil del comunismo.

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