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Archive for 21/09/11

Vivimos los últimos días de la legislatura. El mandato legislativo que arrancó en marzo de 2008 agoniza sin remedio. El adelanto electoral que Zapatero anunció a finales de julio ha anticipado en varios meses la disolución de las Cortes, forzando al Congreso a embutir los asuntos urgente -y los incorporados a última hora por el Gobierno- en los dos plenos-escoba que se han celebrado en el mes de septiembre.

En el hemiciclo se respiran ya los aires emotivos que suelen dominar el ambiente cámara cuando un  mandato toca a su fin. Algunos diputados ya no volverán más y se despiden de sus compañeros y hasta de sus contrincantes. Sus escaños serán ocupados por otros, del mismo o de diferente partido, y su nombre causará baja en el registro de diputados en activo, para pasar a inscribir en la lista de ex-diputados. El índice medio de renovación de la cámara en los cambios de legislatura es bastante elevado. Creo recordar que ronda el 40%. Y son muchos los que intuyen que, en este caso, ese índice se elevará considerablemente por encima de la medida.

Los diputados del PP están exultantes. Se les ve, en general, sonrientes y satisfechos. Hay excepciones, claro está. Los encuadrados en la oposición interna -los que no votaron a Rajoy en el último Congreso- temen que la dirección les aplique la guillotina en el proceso de confección de candidaturas. Su semblante, lógicamente, refleja inquietud y preocupación. Pero no es esa la tónica general. Predominan los espíritus felicesy animados . No diría la verdad, sin embargo, si dijese que andan avasallando. No lo están. O no es esa, al menos, mi impresión. Se les ve contentos, incluso jubilosos, en algún supuesto, pero su alegría es contenida. Se les ve comedidos. Probablemente porque son conscientes de que un alborozo excesivo podría generar reacciones adversas entre los votantes. Y en alguna medida, también porque una excesiva relajación de los mecanismos de autocontrol podría llevarles a desvelar los planes que realmente abrigan para el supuesto de que ganen las elecciones y accedan a la Moncloa. Y no es cuestión de descorrer las cortinas, precisamente ahora, después de haber estado disimultando durante toda la legislatura. En fin, tampoco descarto la posibilidad de que, en algún caso, la contención obedezca a la preocupación que provoca en ellos la idea de pensar que, si las urnas, como parece, les otorgan el triunfo, tendrá que enfrentarse a una crisis feroz que arrasa, sin piedad, con todo lo que se le pone delante, ajeno a los éxitos electores y las mayorías parlamentarias.

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