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Archive for 22/04/10

Durante la tramitación parlamentaria de la Ley de Partidos Políticos -en realidad se trataba de su reforma, porque la Ley existía ya desde 1978- me correspondió el honor de representar al Grupo Parlamentario vasco en Ponencia, Comisión y Pleno. Ello me permitió participar en los debates y hacer un seguimiento puntual de la evolución que experimentó el texto a su paso por las Cortes, mediante las alegaciones que unos y otros hicieron para justificarla o para rechazarla. Recuerdo que, cuando debatíamos el proyecto en la Comisión Constitucional, propuse a Luis Carlos Rejón -aquel diputado de IU que tan buenos momentos nos hizo pasar en la tétrica legislatura que proyectó a Aznar hacia la plenitud de su esplendor autoritario- cerrar una apuesta: yo defendía que Garzón iba a anticiparse al Gobierno en la ilegalización de Batasuna, dejando en agua de borrajas todo el ímpetu propagandístico que animaba a los promotores de la norma. “¿Te animas -le pregunté- a sumarte a la tesis contraria y apostar contra mí?”. Rejón me miró, sonrió con aquél gesto cínico que sólo él sabía esbozar y contestó: “¿Tú me has visto cara de idiota o qué?”. Y ante mi sonora carcajada, añadió: “¡Pues claro que se va a anticipar!. ¡Para rato va a dejar pasar una ocasión como esta para salir en la prensa y ganar notoriedad!”.

Monumento a la identidad y la memoria en Artxanda

Instantes después compartimos la reflexión con los diputados socialistas y populares. Pero ellos no querían ni oir hablar de semejante hipótesis. No solo rechazaban la apuesta, sino que nos daban la espalda cada vez que les sugeríamos tal posibilidad. Su actitud huidiza denotaba que, en el fondo, pensaban exactamente igual que nosotros: que lo más probable era que Garzón, que llevaba años considerando sin éxito la posibilidad de tramitar un proceso penal que concluyese con la ilegalización de Batasuna, encontrase justo en ese momento -ni un semestre antes, ni un semestre después- motivos suficientes como para adoptar medidas ordenadas a suspender o limitar de alguna manera la actividad de dicha organización política.

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“Todos los días un plátano, por lo menos”. Así rezaba un spot publicitario que emitía la televisión -la única que habia entonces- en mis años mozos. Desde la pantalla, un chaval rubio y sonriente nos requería a los televidentes para que hicieramos un lugar en nuestra dieta cotidiana a ese sabroso fruto tropical.  El spot formaba parte de una campaña orientada a fomentar el consumo del plátano de Canarias; un producto sano, energético y asequible.

Años después, cuando cursaba en Deusto los estudios universitarios, recuerdo que un buque de las Líneas Pinillos atracaba semanalmente junto a los muelles situados frente al edificio de La Literaria, que es como denominábamos entonces a la sede histórica de la Universidad. Decían los bilbainos, que siempre sabían de estas cosas un poco más que los advenedizos como yo, que se dedicaba al transporte de plátano de Canarias. Nunca me acerqué al lugar para comprobar personalmente si el rumor se correspondía con la realidad o se trataba de una simple leyenda urbana. 

Esta semana se han agolpado en mi mente todas estas imágenes, porque el martes debatimos en pleno una iniciativa de Coalición Canaria en la que se instaba al Gobierno a adoptar una serie de medidas de carácter fundamentalmente normativo y administrativo, para favorecer al sector platanero de las islas afortunadas, que se encuentra inmerso en una crisis brutal.  Hago mención expresa de esta Moción, porque fuimos muchos los diputados que quedamos sorprendidos por la rigidez y la falta de reflejos con las que el Grupo Parlamentario Socialista afrontó su debate y votación. Algunos utilizaron el término “torpeza” para calificar la actuación de los socialistas, pero creo que son más acertadas las dos expresiones que he utilizado. Lo que no significa, claro está, que no den todos los días muestras de inenarrable torpeza.

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