El siete es un número mágico. Son muchas, a lo largo y ancho del mundo, las tradiciones populares que atribuyen a este número un significado de gran fuerza simbólica; un sentido asimilable al de la plenitud. Según estas tradiciones, insertas en los más diversos entornos culturales, decir siete equivalía a decir todo. Los días de la semana son siete. Como las virtudes capitales, las vidas que se atribuyen a los gatos y los sacramentos. La Roma imperial, fue conocida como la ciudad de las siete colinas. Las maravillas del mundo antiguo eran también siete. Al igual que las ventanas del Palacio de Ursua, en Nafarroa, y el precio imaginario -«zazpi errotaberri zazpira jauregi zuri», expresión equivalente a «todo el oro del mundo»- que Juana de Ursua estaba dispuesta a rechazar con tal de no regresar a la noble residencia del Viejo Reino. Y, en fin, hasta los libros de la saga de Harry Potter son siete.
Esta serie sobre la ilegalización de partidos políticos se compone, igualmente, de siete entregas. No niego que el número ha sido elegido deliberadamente para significar que, en las siete entradas que dedico a este tema, se recoge, si no todo -sería imposible escribir en un blog todo lo que puede decirse a propósito de un asunto tan debatido y tan cargado de matices-, lo esencial para formarse una idea cabal de la problemática jurídica y política que plantea el fenómeno de la ilegalización de partidos políticos, en Euskadi y más allá de nuestras fronteras.
Antes de abordar el estudio de las sentencias dictadas por el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos en torno a la ilegalización de partidos políticos -y, en concreto, de la emitida en relación con la ilegalización de Batasuna- creo necesario identificar los ámbitos en los que, a mi juicio, la Ley de Partidos Políticos sigue siendo susceptible de reproches desde un punto de vista democrático. Lo siento, Donatien, pero tendrás que esperar un día más para llegar al último episodio de la serie.
El grueso del debate público que suscitó la reforma de la Ley de Partidos Políticos, se situó en el terreno de los principios. Se discutió -como se discute en todas las democracias occidentales y en todos los foros académicos que versan sobre el significado del pluralismo político y su expresión partidista- si la democracia tiene derecho a defenderse de sus enemigos, ilegalizando, preventivamente, a los partidos políticos intrínsecamente programados para destruirla o si, por el contrario, el mero hecho de ilegalizar un partido político sitúa a un régimen de libertades a las puertas de su propia destrucción. O, expresado en otros términos, si la ilegalización de partidos políticos destruye a la democracia que la practica o le protege del riesgo de destrucción.
Gaur goizean Iñaki Anasagasti eta biok, kotxea hartu eta Azpeitiara hurbildu gara. Abuztuaren 3a da. Eta hilabete guztietako 3an gertatzen denez, Azpeitian, mozorrotutako pistolero batzuk Inaxio Uria enpresa-gizona tiroz erahil zuten lekuan, bere senditarteko eta lagunek, bere aldeko oroimen-ekitaldia antolatu dute.
ETA ha vuelto a caminar, dejando grabada su huella siniestra sobre el solar vasco. ETA ha vuelto a matar, dejando tras de sí un halo de dolor y desesperación. ETA ha vuelto a convulsionar el mundo político y a avinagrarnos el humor.
Durante los últimos meses, son innumerables los focos mediáticos que apuntan hacia el PNV con la piadosa y constructiva intención de iluminar la “reflexión interna” que, según repiten hasta la saciedad, debe afrontar la formación jeltzale para redefinir sus referencias ideológicas y marcar la ruta que seguirá en los próximos tiempos por entre el zarzal de la política vasca.