Durante los últimos meses, son innumerables los focos mediáticos que apuntan hacia el PNV con la piadosa y constructiva intención de iluminar la “reflexión interna” que, según repiten hasta la saciedad, debe afrontar la formación jeltzale para redefinir sus referencias ideológicas y marcar la ruta que seguirá en los próximos tiempos por entre el zarzal de la política vasca.
Desde un extremo de la calle, se utiliza la conocida imagen de Bad Godesberg, el Congreso en el que los socialistas alemanes renunciaron al marxismo, para sostener que el PNV ha de acometer su propio proceso de aggiornamiento; un proceso que, al parecer, habría de llevarle a renunciar a sus objetivos fundacionales, abdicar de sus planteamientos ideológicos e integrarse plácidamente en el marco constitucional español. Algún eminente intelectual, incluso ha hablado de la “constitucionalización” del PNV, como una cuenta pendiente que los militantes jeltzales tendrían, todavía, por saldar, con la modernización de su partido y la adaptación de sus doctrinas a las exigencias de los tiempos. Claro que, para los que así hablan, la Constitución a la que los nacionalistas vascos habríamos de acomodarnos no es la que se resume en un cuadro de derechos y libertades -en ese terreno no admitimos lecciones de ningún tipo- sino la que proclama a los cuatro vientos “la unidad indisoluble de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.
La campaña para las elecciones al Parlamento Europeo ha arrancado con tranquilidad y discreción. En el sosegado tono imperante, sólo han resonado dos estridentes sirenas: La definitiva admisión de la candidatura encabezada por el dramaturgo Alfonso Sastre y el desabrido perfil descalificativo con el que los socialistas y los populares han diseñado sus respectivos mensajes de campaña; algo que nos ha llevado a muchos a evocar el conocido y amable video de los doberman que el PSOE dedicó al PP a finales de los noventa.
Ayer inserté un post en el que recogía un par de ejemplos, creo que bastante gráficos, del nulo crédito que tiene la palabra de Zapatero cuando cierra un pacto o asume algún compromiso. Hoy treré a colación un caso semejante, que pone en evidencia a sus compañeros y subordinados, los socialistas vascos. Un caso que tiene que ver con el incumpliento de un acuerdo que en su día concertaron con nosotros para la reforma de la televisión pública.




Hoy ha caído en mis manos un folleto que los socialistas vascos difundieron en los albores de los ochenta, con motivo de la aprobación de la Ley Orgánica para la Armonización del Proceso Autonómico, más conocida como LOAPA.