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Archive for 11/07/10

Ha sido impresionante. La manifestación celebrada ayer en Barcelona en protesta por el fallo dictado por el Tribunal Constitucional en el pleito contra el Estatut, ha congregado a una auténtica multitud de ciudadanos indignados por el contenido de la sentencia y firmemente decididos a reclamar el respeto a su dignidad colectiva, duramente pisoteada por el pronunciamiento del alto tribunal. No voy a recurrir al manido tópico periodístico, representando la manifestación con la imagen de una riada humana que colmaba, de ribera a ribera, las principales arterias de la ciudad condal. Y no lo voy a hacer, porque mentiría. La afluencia de gentes fue tan  masiva, que la inmensa mayoría de los congregados no pudo -no pudimos- avanzar un solo paso en la dirección marcada por los organizadores del evento.

En el paseo de Gracia, junto a Duran, Urkullu, Mas y Trias

El colapso era total. En las horas centrales de la manifestación -entre las seis y las siete de la tarde- no era posible caminar ni para delante, ni para atrás. El nutrido flujo humano que llenaba la calle, estaba literalmente estancado. Inmóvil. Había copado todo el trayecto y el tránsito era imposible. Sólo parecía factible, y con muchas dificultades, salirse de la manifestación hacia alguna de las calles paralelas al trazado oficial. Pero nadie parecía dispuesto a abandonar aquella concentración festiva de fuerte tono reivindicativo. Catalanes y visitantes, de todas las edades y de todos los colores copaban el asfalto esgrimiendo enérgicamente senyeras catalanas -gran parte de ellas esteladas, dicho sea de paso-, banderas solidarias de otras naciones presentes en el acto y todo tipo de pancartas reivindicativas con las más variadas reclamaciones. Catalonia is not Spain, sentenciaba con firmeza la pancarta situada sobre una inmensa senyera estelada que pendía, en posición vertical, sobre la fachada de un edificio en obras situado frente a nosotros. Adeu Espanya, clamaban unos carteles diseñados con la forma de una mano. La nostra sentencia -sugería un cartel bien visible-, Independencia. Todos los asistentes portaban pegatinas y pins con el lema central de la concentración: Som una Nació. Nosaltres decidim. Periódicamente, un grupo de jóvenes elevaba sobre la multitud la silueta vertical de un castellet de varios pisos, provocando el apasionado aplauso de la concurrencia. Una música de fondo, conformada por tonadillas tradicionales catalanes, completaba el cuadro festivo, que sólo se quebraba cuando la multitud repetía, a voz en grito, alguna consigna reivindicativa.

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