
El lunes de esta semana, la prensa de Vocento publicó -entre otras muchas noticias, todas ellas, por supuesto, rigurosamente verzces y objetivamente planteadas- un artículo cuyo contenido ha suscitado una cierta sorpresa entre los observadores de la actualidad política.
Algunos de ellos, incluso han llegado a expresar su extrañeza en este blog, preguntándome si podía confirmar o desmentir lo publicado.
Un o una periodista que firmaba como Lorena Gil, citaba fuentes oficiales para asegurar que Patxi López,
“ha reclamado al grupo parlamentario socialista en el Congreso que apoye todas aquellas resoluciones que hagan factible el desarrollo del Estatuto de Gernika. Como primer paso -añadía- Patxi López les ha solicitado que intenten pactar con el PNV en Madrid la transferencia al Ejecutivo vasco de las políticas activas de empleo, según han revelado a este periódico fuentes de Lehendakaritza”.

Desde que el pasado jueves, el socialista López prometiese el cargo en Gernika, con el aplauso incondicional de la Brunete y el amparo insustituible del presidente Revilla, me invaden sensaciones nuevas que nunca antes había percibido.
Hace cuatro años, López confió seriamente en la posibilidad de que el PP de María San Gil le aupase gratuitamente a la presidencia de la Comunidad Autónoma vasca. Pensó, de verdad, que la complicidad de fondo que sus respectivas formaciones mantenían en Euskadi, imponía a los populares el deber patriótico-moral de apoyarle en la investidura sin exigir nada a cambio. Ese apoyo era -sostenían sus compañeros de partido- la correspondencia natural que cabía exigir a los populares, por el esfuerzo generoso que Nicolás Redondo había hecho en 2001 en favor de Mayor Oreja. En Euskadi -sugerían- los partidos constitucionalistas estaban abocados a apoyarse mutuamente, secundando, en cada momento, al que ocupase una posición prevalente. Antes, el protagonismo había correspondido al PP. Ahora, era el turno de los socialistas.
La prensa de hoy es toda una orgía de júbilo y satisfacción. El alborozo se percibe en los titulares de manera casi unánime. Y el regocijo de los editoriales es tan incontenible como generalizado.
En su interesante obra sobre El arte de mirar, el cineasta alemán Win Weders destaca la extraordinaria relevancia política que encierra la decisión sobre el sentido en el que se va a orientar la mirada de la gente. «La decisión más política que tomas -sostiene- es hacia dónde vas a dirigir los ojos de la gente […] lo que muestras a la gente, una día sí y otro también, es político».

Hoy hemos tenido una interesante sesión parlamentaria. Por la mañana, el Congreso tenía una agenda repleta de actividades. Se reunían varias comisiones y recibíamos a la presidenta de la India, que estos días se encuentra en Madrid en el curso de una visita de Estado. Por la tarde, el pleno debatía numerosas iniciativas de los grupos parlamentarios.