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Archive for 21/03/12

En diciembre del año pasado publiqué un post en el que hacía una referencia tangencial a la importancia que los cambios estacionales y sus implicaciones climatológicas revestían en la vida cotidiana de nuestros antepasados (ver la entrada que lleva por título, “¿Por qué decidieron los bermeanos abandonar la actividad ballenera a mediados del siglo XVII?”). Lo hice con ocasión de un comentario sobre la actividad ballenera que, hasta bien entrado el siglo XVIII,  los vascos desplegaban en nuestras costas durante los meses de invierno. Hoy quiero aprovechar el arranque de la primavera para aludir a otra tradición que las generaciones que nos precedieron relacionaban con el inicio del ciclo vegetativo y el propósito de obtener buenas cosechas: lo que se conocía como la bendición de los campos.

Caserío "Santa Cruz", construido en los albores del siglo XIX en la ladera este del monte Burgoa; cerca del lugar en el que se encontraba la ermita del mismo nombre en la que se celebraba la misa cantada que precedia al rituar de bendición de los campos

En Bermeo -que es, por razones obvias, el pueblo cuya historia y tradiciones mejor conozco- el concejo promovía, durante el antiguo régimen, un rito religioso anual, que tenía por objeto impetrar la ayuda del altísimo para que los vecinos de la zona rural obtuvieran buenas cosechas. Se trataba de la bendición de los campos; una ceremonia que se llevaba a cabo desde el paraje en el que se situaba la ermita -hoy desaparecida- de la Santa Cruz, al pie del monte Burgoa. En una partida contable que se repite casi indefectiblemente hasta el siglo XIX, las cuentas municipales de 1703 anotan que ese año se contribuyó con cierta cantidad al cabildo eclesiástico por la procesión con la cruz “al somo de Santa Cruz y a bendecir el campo”.

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