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Gaur goizean, Bilbo erditik nenbilela, Mungiako lagun batek esan dit: «Bermiotar bat dago Abijanen, hango gerratearen erdian». Ez dut esaldia ulertu. Edo zehatzago esateko, ez dut ondo ulertu esaldi horretik zer esan nahi zidan. Baina bermeotar bat Abijanen egotea hain arraroa ez denez, eta une horretan nahiko presaka nenbilenez, erantzun honekin itxi dut elkarrizketa: «Bat bakarrik? Hori ez dok berria gizona! Abijaneko portuan, bermeotarrak, Bilboko portuan baino ezagunagoak dozak».

Eta egia da. XX mendeko 50 hamarkadaren amaieran, Bermeoko baxurako ontziak Kantauriko itsasoa utzi eta Atlantikoko ur tropikaletara atun bila joaten hasi zirenean, sartaldeko Afrikako hiru portu nagusi hartu zuten babesleku: Dakar, Freetown eta Abijan. Hori dela eta, hiru izen horiek izen ezagun-ezagunetan bihurtu ziren bermeotarren artean. Orain, komunikabideen eragina dela eta, edozeinek ezagutzen ditu hiri horiek. Baina sasoi haietan, duela berrogeita hamar urte, jende irakurriak eta ibiliak bakarrik zekien hiri horien berri. Bermeon, ordea,  umeentzat ere ezagunak ziren; batek ez bazen besteak, aita, osaba ala anai nagusia, Dakarren, Freetownen ala Abijanen zeuzkalako. Monrovian ere bai, egia da, baina herri honen izena ez zen horren beste entzuten  nire gaztaroko bermeotarren ahoan. Nik hala gogoratzen dut behintzat.

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La miércoles de la semana pasada, recibí un SMS de Anacleto Bokesa, un conocido dirigente del Movimiento para la autodeterminación de la isla de Bioko que vive exiliado en Madrid. Me rogaba que le llamase tan pronto como me fuera posible. Le atenazaba un asunto urgente y grave. Entré en contacto con él en cuanto concluyó la comparecencia de Zapatero sobre el Consejo Europeo de finales de marzo. Le encontré un poco agitado. Me preguntó, en pocas palabras, si podía cenar con él. Le respondí afirmativamente y quedamos en que pasaría por la Carrera de San Jerónimo en torno a las 21,00 horas.

Mientras deglutíamos un plato de pasta en un restaurante italiano, Anacleto me desveló el motivo del apremio. Un conocido suyo había tenido un accidente muy serio en la isla de Bioko y padecía un grave politraumatismo. Se llamaba Francisco Bitorosa Napá y tenía 32 años. Si no le atendían urgentemente en algún centro hospitalario, iba a morir sin remedio. En Guinea Ecuatorial, la Sanidad se encuentra a un nivel tan ínfimo que carecía de sentido hacer el más mínimo esfuerzo por procurar su hospitalización. Además se trataba de un joven bubi. Y los bubis, en un país dictatorial gobernado con mano de hierro por un tirano perteneciente a la etnia fang, histórica antagonista de los bubis, valen menos que las cucarachas. Resultaba ilusorio pensar que en aquel país alguien pudiera asumir la responsabilidad de atenderle y procurar su curación. Nadie iba a mover un dedo. Por lo que, si no eramos capaces de conseguir un visado que le permitiera coger cuanto antes un vuelo con destino a Madrid, sus días estaban contados. 

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Ayer llegó a mis manos -bueno, en realidad llegó a mi correo electrónico- una Nota informativa, fechada en Erandio el día 4 de los corrientes, en la que el Departamento de Interior del Gobierno vasco «manifiesta su disposición a un diálogo sincero para lograr acuerdos en la Ertzaintza». Su lectura me produjo una sensación contradictoria porque, el texto, un extenso escrito de cuatro páginas, basculaba entre la incontenible ufanía de quien se considera el redentor que amerita todas las medallas y la aseada mesura del que se sabe pecador y expresa públicamente su propósito de enmienda. «Venga chicos», venía a decir, en resumen, la Nota Informativa, «no lo echéis todo a perder ahora que la cosa va tan bien y después de todo lo que hemos hecho por vosotros». Todo un guiño de sintonía y simpatía. La única duda que le queda al lector tras su completa recensión es si el mensaje que figura en la Nota está dirigido a los ertzainas o a los medios de comunicación; algo que nunca podremos aclarar del todo, trantándose, como se trata, de un documento emitido por un Departamento en cuya cúpula se tiende a confundir la sociedad -o, si se prefiere, la ciudadanía- con la opinión publicada en los medios de máxima difusión.

El documento, por lo demás, no encierra especial interés para el observador político; aparte, quiero decir, del que pueda entrañar para la representación sindical de la Ertzaintza y para los medios abonados a la loa gratuita de este Gobierno. Los primeros verán en él al pecador arrepentido que pide una segunda oportunidad y los segundos al benefactor satisfecho que demanda una -otra más- crónica hagiográfica.

Hay, con todo, un punto de la Nota informativa que no puedo dejar pasar por alto. En uno de sus epígrafes, pomposamente titulado «Cambios para una Ertzaintza más moderna», el escrito afirma que «en los dos últimos años se han producido cambios significativos dentro de la Ertzaintza que en algunos casos han dado solución a demandas históricas del colectivo de agentes». El arco temporal que sus redactores toman como referencia para formular el autopanegírico es, como se ve, el de «los dos últimos años». Ni uno más, ni uno menos. Ni uno anterior ni uno posterior. Exactamente el de «los dos últimos años». ¿Saben por qué? Supongo que sí, ¿verdad? Y si no lo saben se lo imaginan, ¿a que sí? Bueno, pues entonces nos ahorramos la explicación. Creer que el mundo empieza con uno mismo, recibe el nombre de Adanismo. Y la tendencia a olvidar el pasado es conocida como amnesia. En ambos casos hay algo -o mucho- de patología.

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En las últimas semanas he tenido ocasión de visitar dos centros tecnológicos vascos. En ambos casos la visita se ha celebrado con motivo de la inauguración de nuevas instalaciones concebidas para ampliar su capacidad de desarrollo e innovación. Los dos centros a los que me refiero –Gaiker en Zamudio, Bizkaia y Cidetec en Miramón, Gipuzkoa- forman parte del grupo IK4 Research alliance, que constituye, junto con Tecnalia, una de los dos principales pilares sobre los que descansa la red tecnológica de Euskadi.

En Gaiker, observando el microscopio electrónico TEM

Siempre me ha interesado el trabajo investigador que se desarrolla en estos centros, empeñados en crear conocimiento con vocación de ser transferido a los procesos de producción de bienes y servicios, a fin de que éstos incrementen su valor añadido y favorezcan la competitividad de nuestra economía. La moderna empresa vasca –tecnológica, competitiva y exportadora- sería inconcebible sin la decisiva aportación que durante los últimos lustros han llevado a cabo estos centros, aportando soluciones tecnológicas avanzadas para producir más y mejor. La productividad de las empresas -ese activo tan apreciado e invocado en los tiempos que corren-, ni se improvisa, ni cae del cielo, ni se impone a golpe de Decreto. Va surgiendo de la eficaz interacción entre las empresas y los centros tecnológicos, que son los dos eslabones que median entre el mercado y la ciencia básica, tan lejanos y tan ajenos entre sí. En un mundo globalizado en el que existen países que aportan mano de obra a precios ínfimos, nuestra prosperidad económica sólo puede basarse en la capacidad tecnológica de las empresas y en la esmerada formación profesional de los trabajadores que laboran en ellas. No hay más salida. O apostamos por ahí, o se va todo al traste. Tengo anotadas en una ficha las palabras que el director de Desarrollo de la OCDE, Mario Pezzini, pronunciaba recientemente al ponderar el extraordinario trabajo que se ha llevado a cabo en el País Vasco en orden a desarrollar un sistema propio de innovación: «La clave es innovar más rápido, antes de que otros te copien. Esta solución requiere inversiones en conocimiento, además de establecer unas buenas conexiones entre los centros del saber y la actividad productiva. Las empresas y las universidades hablan hoy idiomas diferentes. hacen falta traductores y políticas activas en este marco. El País Vasco lo ha hecho en gran parte. Se trata de fortalecer esa estrategia»

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Ba omen doa. Argi eta garbi esan omen du. Ba doala. Ala ba omen doa. Eta ordezkoa aurkitu behar omen zaio orain. Omen, bai, omen. Eta ba omen doan honen ordez, geroaz arduratuko denaren txanda zabaltzen omen da. Badoaz, bai, udaberriko berdearen aurrekoak. Zuri-zuriak batzuk; arrosa eta lila tankerakoak besteak; berdearen iragarleak denak.

Udaberriro bezala, arrosa koloretik erneko da berdea; berria bezain betikoa

Joan doana badoa. Zaratak sortu ditu -eta sortuko ditu, ugari- bere joate horrek, baina jakina zen egunen batean joatekoa zena. Inor ez baita hemen  betiko. Eta zarata horiek gora behera, orain, datorrenaren berdeari begira-begira jarri dira mundu guztiaren begiak. Ahaztu dira dagoeneko joan doanaren zuri-arrosa koloreez eta ordezkoaren berde bizian jarri dute arreta guztia. Udaberri guztietako kontua da hori; urtean urtean apirilaren inguruan gertatzen den loratze prozesuaren ezaugarria.

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Esta mañana he asistido a la ceremonia de bendición y entrega del buque carguero «Arklow Field», que el astillero vasco Murueta S.A  ha construido para la compañía irlandesa Arklow Shipping LTD. El acto ha tenido lugar en los muelles de Erandio. Antiguamente, cuando la principal factoria de este astillero estaba en la ría de Gernika -en Murueta, para ser más exactos, que es de donde la compañía ha tomado su nombre- los barcos se hacían a la mar aprovechando la marea alta, a través del sinuoso y movedizo canal por el que las aguas dulces se trasladan al Cantábrico. Era todo un espectáculo ver maniobrar a aquellos inmensos buques de chapa -en Bermeo, donde los barcos de bajura eran de madera, les llamábamos así, txapazkuek,  a las embarcaciones construidas con casco de hierro- a través de un cauce tan poco profundo que en bajamar se podía cruzar caminando, sin apenas perder pie. A los jóvenes de la zona nos parecía increíble que unos barcos tan grandes pudieran ser conducidos hasta el mar, sin quedar varados en la arena.

Junto al Arklow Field en el muelle de Erandio

Desde hace ya unos años, los buques más grandes se construyen en Erandio, lo que permite, tanto a los armadores como a los responsables del astillero, ahorrarse las angustias que supongo que vivirían cada vez que los cascos construidos tenían que abandonar el carro en el que habían sido construidos, para iniciar su singladura.

El Arklow Field es el noveno buque carguero que el astillero de Murueta construye para esta casa armadora. Se dice pronto. Nueve buques de estas características representan varios años de trabajo, lo que, en los tiempos que corren, constituye toda una bendición. La fidelidad del cliente es la prueba más elocuente de la calidad del constructor. Nadie repite encargo hasta nueve veces si no recibe a cambio una contraprestación satisfactoria.

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Ayer se presentó un escrito en el registro del Congreso, en el que se solicita la comparecencia de Rubalcaba ante el Pleno de la cámara para que explique “la responsabilidad del Gobierno en el caso Faisán y su relación con el proceso de negociación con la banda terrorista ETA”. El escrito -casi no hace falta decirlo- está suscrito por 85 diputados del Grupo Parlamentario popular. Tampoco creo que la fecha elegida para presentarlo requiera una explicación particularmente prolija. El escrito se registra justo al día siguiente de que diario El Mundo publicara un acta, presuntamente redactada por un miembro de ETA, para recoger el tenor de las conversaciones que los delegados de la organización terrorista mantuvieron con los representantes del Gobierno de España durante el alto el fuego de 2006. Y se registra, también, el mismo día en el que el diario El País hiciera pública una partida documental con información semejante.

Como en las actas atribuidas a ETA se reflejan actitudes del Ejecutivo que permiten adivinar la existencia de una sintonía de fondo entre los interlocutores de las dos partes -los enviados del Gobierno dijeron, según el acta publicada por El Mundo, cosas como que la detención de Elosúa fue “un accidente grave, un asunto que viene del juez”, que el “los jueces se han convertido en un instrumento del Partido Popular o que “Rubalcaba se incorporó a Interior para continuar con una vía que conocía desde su cargo en el Congreso y se cambió el fiscal jefe de la Audiencia”, por poner tan solo algunos ejemplos- los populares han recordado, súbitamente, que Rubalcaba se encuentra entre las liebres que los rumores de pasillos y faldones sitúan en la carrera por la sucesión de Zapatero, y han decidido emprender una campaña de erosión contra él. Una campaña en toda regla que le acusa de connivencia y complicidad con el terrorismo y concluye solicitando al mismo tiempo su comparecencia y su dimisión; cosa que no deja de extrañar, porque parece evidente que si comparece, es porque no ha dimitido aún, y si dimite, ya no puede comparecer.

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El lunes, participé en un acto organizado en Madrid por la Cámara de Comercio de EEUU en España. Se trataba de una comida-coloquio con el presidente de la Generalitat de Catalunya Artur Mas. La última vez que el líder de CiU compareció públicamente en Madrid, publiqué un post en el que ponderaba la talla y la madurez políticas que, según mi percepción, había alcanzado tras los ocho años de desierto opositor a los que le había condenado el tripartito (Ver «Artur Mas en Madrid», publicado el 21 de septiembre de 2010). Pero entonces tan sólo era un candidato a la presidencia de la Generalitat. Un candidato -es cierto- que había ganado en las dos elecciones anteriores y al que las encuestas auguraban, con inusitada unanimidad, un triunfo inapelable. Pero un simple candidato, al fin y al caabo.

En esta ocasión, por el contrario, comparecía como presidente de la Generalitat catalana. El presidente número 129 de esta institución, tal y como el propio Mas recalcó desde el principio de su intervención, a fin de dejar patente que «venimos de lejos, desde el siglo XIII, no hemos nacido con la Constitución española de 1978».

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Desde que el pasado miércoles se hiciera público el fallo -ya que no la fundamentación jurídica- de la sentencia de la Sala del 61 del Tribunal Supremo que rechaza la inscripción de Sortu en el Registro de Partidos Políticos, el universo mediático se visto poblado por decenas de tertulianos y opinadores que dudan -o dicen dudar- sobre la existencia de tiempo material suficiente como para que el Tribunal Constitucional pueda pronunciarse sobre el asunto antes de que concluya el plazo legalmente establecido para la presentación de candidaturas de cara a las próximas elecciones municipales y forales. A juicio de muchos de ellos, la presencia de Sortu en esos comicios puede darse prácticamente por descartada porque, desde hoy hasta el día 18 de abril, que es la fecha para la que han de estar registradas las listas de candidatos, no habría margen temporal bastante como para que pudiera tramitarse ante el Tribunal Constitucional el recurso de Amparo que eventualmente pudiera presentar el nuevo partido político ante la sentencia que deniega su inscripción.

Es cierto que el margen de tiempo del que se dispone es muy estrecho. Y es cierto, también, que si se agotan todos los plazos previstos en la ley para la tramitación de este tipo de recursos, sería imposible llegar a tiempo. Pero aun admitiendo que eso es así, me gustaría incorporar al debate una experiencia personal que pone de manifiesto que, si se quiere, se puede.

Ocurrió con motivo del debate sobre la toma en consideración de la Propuesta de Nuevo Estatuto que el Parlamento vasco aprobó por mayoría absoluta el 30 de diciembre de 2004. La cámara de Vitoria acordó que su defensa, ante el Congreso de los diputados, correría a cargo del propio Lehendakari Juan José Ibarretxe. Y así fue, como todo el mundo recordará. Pero entre el 30 de diciembre de 2004 y el 1 de febrero de 2005, que es la fecha en la que el Congreso de los Diputados rechazó la toma en consideración de la Propuesta del Parlamento vasco, se produjo una situación muy semejante a la que ahora se da con Sortu. Semejante en las circunstancias y semejante, también, en la estrechez del marco temporal disponible. Empero, como a continuación explicaré, nada impidió que en aquella ocasión el Tribunal Constitucional se pronunciase en tiempo y forma sobre el fondo del asunto.

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Esta semana he mantenido una conversación interesante con un ciudadano andaluz que el martes vino al Congreso a explicar a los Grupos parlamentarios de la cámara una iniciativa social en cuyo impulso está sumamente interesado. La conversación, que se prolongó, después de concluída la explicación oficial, en torno a un café, se extendió sobre cuestiones políticas y personales que nada tenían que con el motivo inicial del encuentro.

Me confesó, entre otras muchas cosas, que era un antiguo votante del PSOE. Si su testimonio era cierto -y no tengo razones para pensar que no lo fuera- mi interlocutor votó a esta formación política en numerosas ocasiones y en todo tipo de citas electorales: generales, autonómicas y municipales. Sin embargo, dejó de hacerlo cuando un día descubrió, con más horror que sorpresa, que el 100% del dinero público que le afectaba como ciudadano estaba siendo gestionado por los socialistas, es decir, por gentes de un mismo partido político. El alcalde de su pueblo era socialista. En la Diputación provincial, las riendas del gobierno estaban, también, en manos del PSOE. En la Junta de Andalucía, el partido de Pablo Iglesias parecía llamado a gobernar per saecula saeculorum y controlaba, en solitario, todos los resortes del poder autonómico. Y, por último, en el Gobierno central, el PSOE acumula – él solo- más años ocupando poltrona que todos los demás partidos juntos. Desde la aprobación de la Constitución, UCD+PP= 12 años/PSOE= 21 años.

«No es saludable -me dijo- confiar la gestión del 100% de los fondos públicos que te conciernen como ciudadano a un sólo partido. Y menos aún, que una situación tan monolítica, cerrada y falta de oxígeno se prolongue en el tiempo». Mi interlocutor andaluz era partidario de que en la administración de los asuntos públicos que le afectan, intervengan manos distintas, que reflejen percepciones y sensibilidades diferentes, a fin de que el contraste dialéctico entre lo que unos promueven y los otros impulsan, de lugar a un resultado global equilibrado y razonable. El acierto nace del contraste, no del monolitismo. El pluralismo político debe reflejarse también ahí. Sin cuñas, no entra el aire fresco. Y sin aire fresco, la atmósfera acaba enviciándose. Que todos los asuntos públicos que afectan a un ciudadano -todos y a todos los niveles- se encuentren en manos del mismo partido, facilita el adocenamiento típico de las situaciones de monopolio: la falta de transparencia, el relajamiento, la indolencia y, en definitiva, el deterioro de la calidad del servicio.

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