Durante los meses de verano, la conocida y exitosa serie de ETB Vaya Semanita, ha estado reponiendo sketches ya emitidos con anterioridad. Es lo habitual durante la temporada estival. Las cadenas de televisión reaprovechan todo lo que tienen a mano con el fin de mantener activa la pantalla durante las 24 horas del día, aun a sabiendas de que es un periodo en el que la audiencia se reduce notablemente.
Pero en el caso de Vaya Semanita, la reposición de episodios antiguos ha resultado particularmente chocante. Porque el grueso de la carga crítica seguía apuntando hacia el nacionalismo vasco, en general, y el PNV en particular, al que se continúa representando como un partido de chiquiteros simplones, crédulos impenitentes, de esos que se abrazan acríticamente a leyendas inverosímiles y a tradiciones inventadas, y de enchufados repelentes, que practican masivamente el nepotismo con sus compañeros de militancia. Pero el PNV ya no está en el Gobierno. Y la insistencia en emitir secuencias ridiculizantes en las que se registran actos institucionales que evocan en todo al partido jeltzale, o el empeño transmitir la imagen de un partido farisaico que lo controla todo desde su sede de Sabin Etxea, resultan claramente obsoletos.






En la etapa inicial de este blog, contamos con la presencia más o menos asidua de una visitante que acostumbraba a escribir todas sus referencias al nacionalismo vasco -que eran muchas, y muy críticas- con la grafía que habitualmente reservamos para el partido político y el régimen que gobernó en Alemania entre 1933 y 1945: Nazionalismo. No era un caso aislado. Desde que, en su época más gloriosa, Aznar abriera la veda para la crítica y la más feroz deslegitimación del nacionalismo vasco, una nutrida pléyade de plumas mercenarias, bien retribuidas bajo el generoso paraguas del Estado, se han dedicado a poner en el mercado todo tipo de publicaciones orientadas a demostrar «científicamente», las afinidades y concomitancias existentes entre el PNV y los movimientos nacionalistas más totalitarios y antidemocráticos que ha conocido la histora. No es infrecuente, en este sentido, encontrarse con souffles bien aderezados a partir de materias primas tan pobres como cuatro frases bien seleccionadas y convenientemente recortadas de Sabino Arana y una hábil manipulación del lauburu, para hacerlo emparentar con la cruz gamada.