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Archive for 14/05/12

Un grupo de empresarios vascos me contó en una ocasión que el día 2 de marzo de 2009 se trasladaron a Madrid con el propósito de participar en una reunión de negocios. La víspera se habían celebrado en Euskadi las elecciones autonómicas de las que salió el Gobierno vasco actual. Todos los titulares de prensa se hacían eco de los resultados arrojados por las urnas y, en un inusitado alarde de independencia e ìmparcialidad, alguna cabecera destacaba con singular énfasis el hecho de que dichos resultados permitían, por fin, desalojar al PNV de las instituciones autonómicas y constituir un Gobierno alternativo, apoyado exclusivamente en los escaños del PSE y del PP.

En el trayecto hacia Madrid, los empresarios vascos discutieron ampliamente sobre si el PSE iba a ser capaz de embarcarse en semejante aventura. Era el tema de la jornada. A la mayoría de ellos le parecía imposible que, tras una campaña centrada en cantar las bondades del pacto entre diferentes y en negar apodícticamente la hipótesis de un pacto con los populares vascos, el PSE fuera a optar por aquella estrategia. Había opiniones discrepantes, es cierto; perola percepción de la mayoría era la expresada. En cualquier caso, todos dudaban. Ninguno de ellos se atrevía a vaticinar con certeza y de un modo terminante lo que iba a suceder.

Sin embargo, cuando llegaron a su destino descubrieron con sorpresa que entre sus interlocutorios madrileños nadie dudaba. Ni uno sólo de los empresarios con los que se reunieron en la Villa y Corte pensaba que, con aquellos resultados en la mano, fuera posible que López y Basagoiti no se fundieran en un abrazo patriótico para desplazar a los nacionalistas vascos y formar un gobierno de signo españolista. Veían claro que no había otra opción. A su juicio, la opinión pública española no iba a tolerar que se desaprovechase aquella oportunidad histórica para arrinconar al nacionalismo vasco y encarrilar la política vasca por la senda del constitucionalismo esencialista. Es más, estaban absolutamente seguros de que si los socialistas se resistían a pactar con el PP, iban a ser severamente sancionados por el electorado español. No iban a correr ese riesgo.

Los hechos dieron la razón a los empresarios madrileños y puso en evidencia la excesiva buena fe de los vascos. En cuestión de días, el engranaje pactista se puso en marcha y el acuerdo fue un hecho. Así nació la era López-Basagoiti.

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