Hoy estrenamos septiembre. Y el número 13 de la revista Vanity fair correspondiente a este mes que acabamos de inaugurar, nos aproxima a un amplio ramillete de famosos y caras conocidas de la piel de toro, que se confiesan ante el reportero, desvelando para el gran público los más íntimos retos y las más profundas motivaciones que estimulan su existencia y su quehacer cotidianos.
- López, expresando, inquieto, su preocupación por la crisis y el futuro económico de Euskadi
En la edición a la que me refiero, dedicada a los famosos de España, se dan cita nobles, actores, escritores, cantantes, divos de la ópera, deportistas y hasta toreros. El abanico de egregios a los que da cobijo la glamourosa cabecera es, ciertamente, amplio. Y en el conjunto destacan la distinción, el estilo, la clase. No en vano hablamos de un colectivo cuidadosamente seleccionado para encarnar lo que Pío Baroja hubiese calificado como la feria de las vanidades.
El reportaje es curioso. Cada uno de los personajes elegidos para ilustrar el rostro hispano de la vanidad, sintetiza en pocas palabras sus propias sensaciones y aspiraciones. Entre anuncio y anuncio de las marcas de moda más sobresalientes del mercado, se insertan imágenes seductoras de la galería de vanidosos, que posan ante la cámara con gestos y maneras detenidamente estudiados.


Este domingo, el excelso presidente que dirige los destinos de la Euskadi del cambio -de esta Euskadi en la que, por fin, empieza a amanecer de verdad- nos premió a los afortunados ciudadanos que tenemos la suerte de residir en esta Arcadia feliz en la que su ingente labor de estadista está convirtiendo el País Vasco, con cuatro entrevistas -cuatro- publicadas en otros tantos diarios. Improbo esfuerzo el suyo, después de las merecidas vacaciones que ha disfrutado.

Todo el mundo conoce a Miguel Angel Revilla. Desde que se propuso, hace ya algunos años, divulgar a los cuatro vientos su sólido y profundo pensamiento político, se ha convertido en un rostro muy popular.
El nuevo modelo de financiación puede tener, también, una segunda consecuencia en Euskadi. Una consecuencia indirecta, si se quiere, pero no por ello menos real. Despertará -en realidad ya lo ha hecho- la secular apetencia de las comunidades limítrofes para reclamar compensaciones económicas del Estado, invocando el «efecto frontera» y los perjuicios que pretendidamente irroga a su desarrollo económico, la existencia, en el País Vasco, de un régimen financiero foral.
Esta mañana he estado en Madrid. Ha sido un viaje fugaz, de ida y vuelta, pero que no he podido eludir. Así es la vida del diputado. Ajetreada. Sobresaltada. En constante movimiento. Un día nos encontramos celebrando las madalenas en Bermeo y al día siguiente nos vemos, con traje y corbata, en el centro mismo de la villa y corte. Y mañana, ¡vaya usted a saber donde! Nuestra agenda cambia con más rapidez que el tiempo en el verano de Helsinki.