Durante los meses de verano, la conocida y exitosa serie de ETB Vaya Semanita, ha estado reponiendo sketches ya emitidos con anterioridad. Es lo habitual durante la temporada estival. Las cadenas de televisión reaprovechan todo lo que tienen a mano con el fin de mantener activa la pantalla durante las 24 horas del día, aun a sabiendas de que es un periodo en el que la audiencia se reduce notablemente.
Pero en el caso de Vaya Semanita, la reposición de episodios antiguos ha resultado particularmente chocante. Porque el grueso de la carga crítica seguía apuntando hacia el nacionalismo vasco, en general, y el PNV en particular, al que se continúa representando como un partido de chiquiteros simplones, crédulos impenitentes, de esos que se abrazan acríticamente a leyendas inverosímiles y a tradiciones inventadas, y de enchufados repelentes, que practican masivamente el nepotismo con sus compañeros de militancia. Pero el PNV ya no está en el Gobierno. Y la insistencia en emitir secuencias ridiculizantes en las que se registran actos institucionales que evocan en todo al partido jeltzale, o el empeño transmitir la imagen de un partido farisaico que lo controla todo desde su sede de Sabin Etxea, resultan claramente obsoletos.




Este domingo, el excelso presidente que dirige los destinos de la Euskadi del cambio -de esta Euskadi en la que, por fin, empieza a amanecer de verdad- nos premió a los afortunados ciudadanos que tenemos la suerte de residir en esta Arcadia feliz en la que su ingente labor de estadista está convirtiendo el País Vasco, con cuatro entrevistas -cuatro- publicadas en otros tantos diarios. Improbo esfuerzo el suyo, después de las merecidas vacaciones que ha disfrutado.
Ayer empezamos a calentar motores en el Congreso de los Diputados. La Diputación Permanente se reunió para debatir y, en su caso, acordar, las solicitudes de comparecencia solicitadas por diferentes grupos parlamentarios.
