La creciente tensión que estos días se vive entre las dos Coreas, me ha hecho recordar un viaje que hace dos años cursé a Corea del Sur en el seno de una delegación del Congreso de los Diputados. La visita duró varios días, y se ajustó rigurosamente a una agenda de trabajo muy intensa. Como son todas las cosas en aquel país.

En el puesto fronterizo, mirando hacia Corea del Note. La explicación corre a cargo de Lee, actual presidente del País. Yo me encuentro a la derecha de la imagen, acompañado de Begoña Lasagabaster, con gafas.
Tras visitar algunos de los principales polos de desarrollo económico, tecnológico y empresarial del país -en la capital, Seul, en Daegu y en Busan, el principal puerto de la zona- nos condujeron, el último día, a la frontera con Corea del Norte. Se trata de una zona muy vigilada y literalmente ocupada por el Ejército porque, aunque pueda resultar extraño, la situación entre las dos Coreas no es de Paz, sino de Alto el fuego. La guerra terminó en 1953 con un cese de las hostilidades y el trazado, de común acuerdo, de la línea fronteriza que separa a los dos territorios. Pero nunca se formalizó la Paz ni se firmó tratado alguno para sellarla. Y desde entonces -de eso hace ya 54 años- las dos Coreas se miran de reojo, combinando momentos de tranquilidad con períodos de tensión.
A continuación, reproduzco el Informe que elaboré a finales de 2007 con la intención de registrar todas las gestiones que los diputados y senadores del PNV hicimos en Madrid con el propósito de aprovechar la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Contitucional para blindar el Concierto Económico en los términos en los que vienen reclamándolo el Parlamento vasco y las Juntas Generales de los tres Territorios Históricos.
La prensa de hoy da cuenta de un pequeño choque dialéctico que Patxi López y José Luis Bilbao mantuvieron ayer en la asamblea de CEBEK, que es el acrónimo bajo el que se agrupa la patronal vizcaína. La discusión versó, entre otros temas, sobre el conocido asunto del blindaje del Concierto Económico.
Digámoslo en pocas palabras. No me creo nada de lo que el Gobierno está pretendiendo hacernos creer. No me creo, por mucho que lo revistan con celofanes de verosimilitud, que el Tribunal Constitucional haya dado un varapalo al Gobierno que este no fuera capaz de prever o, en su caso, de indagar y conocer con suficiente antelación. Llevo ya suficientes años en la Villa y Corte como para tragarme tamaña rueda de molino.
Esta mañana, Izaskun Bilbao ha comparecido en el Foro Nueva Economía del Hotel Riz. Como no podía ser de otra manera, los diputados y senadores del PNV hemos asistido al acto, a darle cobertura y a escuchar sus reflexiones. La presentación de Izaskun ha corrido a cargo de Iñigo Urkullu que ha ponderado con tiento las exquisitas cualidades personales y profesionales de nuestra candidata al Parlamento Europeo.
Durante los últimos meses, son innumerables los focos mediáticos que apuntan hacia el PNV con la piadosa y constructiva intención de iluminar la “reflexión interna” que, según repiten hasta la saciedad, debe afrontar la formación jeltzale para redefinir sus referencias ideológicas y marcar la ruta que seguirá en los próximos tiempos por entre el zarzal de la política vasca.
La campaña para las elecciones al Parlamento Europeo ha arrancado con tranquilidad y discreción. En el sosegado tono imperante, sólo han resonado dos estridentes sirenas: La definitiva admisión de la candidatura encabezada por el dramaturgo Alfonso Sastre y el desabrido perfil descalificativo con el que los socialistas y los populares han diseñado sus respectivos mensajes de campaña; algo que nos ha llevado a muchos a evocar el conocido y amable video de los doberman que el PSOE dedicó al PP a finales de los noventa.
Ayer inserté un post en el que recogía un par de ejemplos, creo que bastante gráficos, del nulo crédito que tiene la palabra de Zapatero cuando cierra un pacto o asume algún compromiso. Hoy treré a colación un caso semejante, que pone en evidencia a sus compañeros y subordinados, los socialistas vascos. Un caso que tiene que ver con el incumpliento de un acuerdo que en su día concertaron con nosotros para la reforma de la televisión pública.