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Archive for 1 de noviembre de 2011

Esta mañana he estado en Portugalete, respondiendo a las preguntas que me formulaban los periodistas de una televisión turca que está elaborando un reportaje sobre Euskadi. También he aprovechado la estancia en la villa jarrillera para visitar una oficina electoral que el PNV ha abierto en el centro del pueblo y animar a los militantes y simpatizantes jeltzales de cara a la campaña electoral. No habíamos abandonado aún el barrio Repelega -los recorridos de campaña, en Portugalete, siempre se llevan a cabo desde arriba hacia abajo- cuando me ha llamado la atención un cartel pegado a la pared que no conocía. Como he advertido, desde la distancia, que exhibía algunos símbolos habituales de la izquierda abertzale -la estrella roja y el puño cerrado- me he acercado para verlo más de cerca.

En un primero momento me ha dado la sensación de que se trataba de un cartel olvidado de la época -cada vez más lejana- en la que una aguerrida y consecuente izquierda abertzale postulaba la confrontación abierta contra el Estado español y pedía a sus seguidores que se abstuviesen en las elecciones generales, a fin de no legitimar la represión y dejar claro que el pueblo vasco apuesta por la independencia y no quiere saber nada con las instituciones de la España imperial. Pero enseguida me he dado cuenta de que no es así. El cartel, en efecto, preconiza la abstención y afirma que «El Pueblo Trabajador Vasco no se rinde». Pero el mensaje que incluye en su cabecera es muestra inequívoca de que no se trata de una reliquia histórica, sino de un cartel que acaba de pasar por la imprenta. No es un cartel del año 2000, 2004 ó 2008, como los que he reproducido en otras entradas de este blog para expresar mi sorpresa por el radical cambio de actitud que ha tenido lugar en la izquierda abertzale con respecto a su participación en unos comicios españoles (ver, por ejemplo, «¡Españoles, a votar el 20-N!«, publicado el 1.10.11 y «¿Por qué ahora sí?», que vio la luz el 13.13.11) . Es reciente y no hay duda alguna de que está diseñado para las próximas elecciones generales; para las que tendrán lugar a finales de este mes. Su mensaje principal dice: «El 20-N no contéis conmigo». No habla, como se ve, de los comicios del 12 de marzo (año 2000), del 14 de marzo (2004) o del 9 de marzo (2008). Alude a los del 20 de noviembre. A los que convocó Zapatero el 26 de septiembre de este año.

El cartel, adornado con la simbología habitual de la izquierda abertzale, predica la abstención, pero para las elecciones generales que van a tener lugar en este mismo mes. Para las mismas elecciones en las que la cartelería oficial de Amaiur nos pide que olvidemos su pasado abstencionista y nos invita a participar con el máximo entusiasmo, como si fuéramos exacerbados patriotas españoles, sumamente interesados en el devenir político de la nación -perdón, Nación- única e indivisible que se consagra en la Constitución de 1978.

Hace unas semanas publiqué un post en el que expresaba mi extrañeza por el hecho de que una cuestión -la de la participación en las elecciones generales del Estado español- que siempre ha sido objeto de debate y controversia en el entorno de la izquierda abertzale, se haya resuelto en este caso tan sencilla como apaciblemente, sin discrepancias y ni disidencias (Cfr. «¿Se trata de utilizar los foros burgueses para la propaganda revolucionaria?», publicado el 17 de agosto de este año). Ya entonces, algún comentario hacía referencia a la existencia real de un debate interno que no por mantenerse soterrado es menos real. Lo leí con escepticismo, lo admito. Nunca he creído demasiado en la efectividad del derecho a discrepar en el seno de organizaciones tan jerarquizadas, opacas y monolíticas como las que existen en ese ámbito. Pero hoy compruebo que me equivocaba. Se ve que, en el seno de la izquierda abertzale, todavía quedan algunos resquicios de coherencia; gentes que se resisten a dejarse engañar y a hacer lo contrario de lo que han propugnado con severa vehemencia durante los últimos lustros. No se han batido el cobre contra la legitimidad institucional española para que ahora vengan dos señoritos pretenciosos y les fuercen a comerse sus actitudes y sus discursos contrarios a la legitimación de la «institucionalidad pesudodemocrática española».

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