El desarrollo de la campaña electoral está resultando alucinante. Los dos partidos políticos que mejor se conocen en España, el PSOE y el PP, se han embarcado en una dinámica de enfrentamientos públicos y desabridos, que parece sobrepasar todos los diques de contención. Y como ocurre con los novios despechados, ambos se dedican airear sin miramientos todos los trapos sucios de su relación histórica y presente.

Un "doberman" y un "inquisidor" repartiéndose el pastel institucional de Euskadi
La prensa de hoy da cuenta de un pequeño choque dialéctico que Patxi López y José Luis Bilbao mantuvieron ayer en la asamblea de CEBEK, que es el acrónimo bajo el que se agrupa la patronal vizcaína. La discusión versó, entre otros temas, sobre el conocido asunto del blindaje del Concierto Económico.
Ayer inserté un post en el que recogía un par de ejemplos, creo que bastante gráficos, del nulo crédito que tiene la palabra de Zapatero cuando cierra un pacto o asume algún compromiso. Hoy treré a colación un caso semejante, que pone en evidencia a sus compañeros y subordinados, los socialistas vascos. Un caso que tiene que ver con el incumpliento de un acuerdo que en su día concertaron con nosotros para la reforma de la televisión pública.
Hoy ha caído en mis manos un folleto que los socialistas vascos difundieron en los albores de los ochenta, con motivo de la aprobación de la Ley Orgánica para la Armonización del Proceso Autonómico, más conocida como LOAPA.
Desde que el pasado jueves, el socialista López prometiese el cargo en Gernika, con el aplauso incondicional de la Brunete y el amparo insustituible del presidente Revilla, me invaden sensaciones nuevas que nunca antes había percibido.
Hace cuatro años, López confió seriamente en la posibilidad de que el PP de María San Gil le aupase gratuitamente a la presidencia de la Comunidad Autónoma vasca. Pensó, de verdad, que la complicidad de fondo que sus respectivas formaciones mantenían en Euskadi, imponía a los populares el deber patriótico-moral de apoyarle en la investidura sin exigir nada a cambio. Ese apoyo era -sostenían sus compañeros de partido- la correspondencia natural que cabía exigir a los populares, por el esfuerzo generoso que Nicolás Redondo había hecho en 2001 en favor de Mayor Oreja. En Euskadi -sugerían- los partidos constitucionalistas estaban abocados a apoyarse mutuamente, secundando, en cada momento, al que ocupase una posición prevalente. Antes, el protagonismo había correspondido al PP. Ahora, era el turno de los socialistas.
La prensa de hoy es toda una orgía de júbilo y satisfacción. El alborozo se percibe en los titulares de manera casi unánime. Y el regocijo de los editoriales es tan incontenible como generalizado.
