Ayer, un amigo que se desplaza semanalmente a Madrid, donde se desarrolla parte de su jornada laboral, me comunicó, en tono jocoso que, cuando el jueves pasado regresaba por la autopista a Bilbao -sus traslados de ida y vuelta se llevan a cabo en automóvil- coincidió con la «Brunete electoral» que se dirigía a Euskadi con una gran parte de los vehículos que integran la unidad.

Me reí, sin darle al asunto más importancia. Pensé, sencillamente, que se trataba de una broma sin importancia. Pero, como mi amigo insistía en el comentario, me puse a indagar sobre el sentido de lo que me quería decir. Y de su explicación extraje la siguiente conclusión.

Los ambientes políticos de Madrid se encuentran visiblemente alterados por las noticias que se han publicado en la prensa durante los últimos días. Todas los conciliábulos de la Villa y Corte versan sobre la operación judicial impulsada por el insigne Garzón contra la extensa trama de corrupción y blanqueo de capitales descubierta en las inmediaciones del PP y sobre la afectada indignación con la que los conservadores y sus epígonos mediáticos han reaccionado contra la ofensiva, poniendo al descubierto una camaradería entre el juez estrella y el ministro de Justicia, que autoriza a sospechar sobre la limpieza, la transparencia y la estricta legalidad de las actuaciones judiciales emprendidas contra ellos.
Esta mañana, Patxi López ha comparecido en rueda de prensa para hablar de economía. Pero acuciado por las preguntas de los medios de comunicación, ha afirmado, en referencia a las listas de candidatos hoy publicadas en el Boletín Oficial del País Vasco, que «el Estado de Derecho y el sistema democrático en este país va a evitar e impedir que haya formaciones políticas que se presenten a unas elecciones y que en el fondo sean una mera tapadera para dar cobertura política, financiación o respaldo social a una banda terrorista».
La prensa de hoy destaca con grandes caracteres unas declaraciones que Zapatero hizo ayer por la mañana y en las que afirmaba que “ETA ha desperdiciado sus tres oportunidaodes, ya no habrá más”. Prácticamente todos los medios interpretan las palabras del presidente como expresión de su voluntad de no reeditar con ETA proceso de diálogo alguno.
Ayer se puso en escena otro giro de Patxi López. El giro euskalzale. Hasta ayer, éramos muchos los que estábamos preocupados por el futuro del euskera. Hoy, ya no. Hoy, ya sabemos que, gracias al compromiso personal de Patxi López, el futuro sonríe amablemente a la lengua vasca, ofeciéndole un atractivo panorama de armonía, equilibrio y consenso.
En el debate parlamentario del pasado viernes, en Vitoria, Patxi López retomó una vez más el argumento de que los nacionalistas vascos no acabamos de entender el sentido profundo del Estatuto de Gernika que -según él- no es un mero listado de transferencias pendientes, como, al parecer, pensamos en el mundo abertzale, sino algo mucho más trascendente: Es la expresión jurídico-política del triple pacto sobre el que se erige la comunidad política vasca: Un pacto entre nacionalistas y no nacionalistas; un segundo pacto que sirve para asociar de modo estable a los territorios que tradicionalmente han vertebrado Euskadi y un tercer pacto que vincula a los vascos con los españoles (o quizás, para reproducir con mayor exactitud sus propias palabras, con el resto de los españoles)