Ayer por la mañana estuve en el Parlamento vasco. Asistí para escuchar en directo el discurso que el Lehendakari pronunció para dar inicio al debate de política general. Fue un alocuión extensa. Duró algo más de dos horas. En el Congreso de los Diputados no es habitual escuchar discursos tan largos. La intervención fue también densa densa en datos y valoraciones. Algunos pasajes han de ser leidos dos veces para captar todos los matices.
No voy a ocultar que uno de los prismas bajo los que analicé el discurso, es el de la influencia que el trabajo desarrollado en Madrid por los diputados y senadores del PNV ha tenido en los logros y realizaciones del Gobierno vasco. Supongo que se comprenderá mi interés por evaluar nuestra labor. Pues bien, he de confesar que, tras escuchar el balance del Lehendakari, me quedé con un intenso regusto de satisfacción. En muchos de los aspectos más positivos del balance que exhibió, nuestro papel ha sido decisivo.
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Catalunya se encuentra sumida en una situación incómoda y muy delicada. Durante años ha contribuido con aportaciones cuantiosas al desarrollo de otros territorios del Estado español, pero muchos de los que se han beneficiado de su generoso esfuerzo de solidaridad, siguen viéndola como una comunidad egoísta, cicatera y ruin, integrada por fenicios peseteros y mercaderes avaros. Pero incluso este desagradable trance constituiría un mal menor, si no fuese porque los indicadores oficiales de gasto público denotan ya que las comunidades beneficiarias de la solidaridad empiezan a aventajar a Catalunya en muchos ámbitos de la acción administrativa, sin que a nadie parezca importar lo más mínimo ni el Estado se haya planteado seriamente la necesidad de retocar el modelo. La solidaridad, no sólo no rompe con el arraigado tópico de la codicia catalana, sino que desangra financieramente a Catalunya.
Tal y como se anunciaba en la prensa vasca más profesional, objetiva e independiente, la ministra de Investigación llegó ayer a Bilbao «para intentar solventar el problema político en el que sumió a los socialistas vascos al oponerse a la transferencia a Euskadi de Investigación» (El Correo, 19.09.08, página 28)
Creo que en este blog he escrito casi todo lo que hoy por hoy se puede decir de la trayectoria política de la flamante ministra que Zapatero ha puesto al frente del departamento de Ciencia y Tecnología. Me refiero, por supuesto a la donostiarra Cristina Garmendia; chica de oro (perdón, quería decir tambor de oro) de Odón Elorza y zapaterista (que no socialista) de reciente adscripción.
Es evidente que el recién elegido presidente del PP vasco, necesita protagonismo. Alfonso Basagoiti siente con inensidad la urgencia de darse a conocer fuera de los límites de Bizkaia, a cuyo territorio se circunscribía hasta la fecha su labor política, y busca con denuedo en la agenda política, iniciativas de relumbrón que le permitan esbozarse ante el conjunto de la opinión pública vasca como un hombre inquieto, activo y pródigo en ideas.