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Gezurra dirudi baina hemezortzi edizio bete dira dagoeneko ekimen argiaren bultzatzaileek Arrain Azokaren ideia errealitatera eramaten hasi zirenetik. Eta urtean baino urtean indar eta arrakasta gehiagorekin gauzatzen doala esan daiteke gezurretan ibilteko beldur barik. Zorioneko krisi ekonomikoak ez dio laguntzarik eman sektorearen garapenari, baina ekitaldiak ez du ohikoa duen txukuntasuna galdu. 

Asteburu hau, Arrain Azokaren asteburua izan da Bermeon. Eta horrek, jai giroa dakar beti herrira; jaiaren aldeko jarrera eta prestutasuna hedatzen du herritarren eta bisitarien artean. Aurtengo edizioa 1912ko galernaren gogorapenean oinarritu da. Ehun urte beteko dira datorren abuztuan herriaren memorian hain urrats sakona utzi duen egitatea gertatu zenetik eta hainbat ekitaldi antolatuko omen dira urte urrena ospatzeko. Ikusiko dugu zertan gauzatzen diren iragarpen eta itxaropenak. 

Azokak, beti bezala, produktu onak eta nobedade aipagarriak erakutsi dizkigu. Arrainak, amaiezineko posibilitateak eskaintzen ditu gastronomiaren munduan ikertu, sakondu eta berriztu nahi duenarentzat. Eta Bermeoko Arrain Azoka foro izugarria da arlo horretan egiten den guztia erakutsi eta azalera ateratzeko.

Euriak farra-farra astindu gaituen arren, ez gara damutu Arrain Azokan parte hartuz herrian zabaldu den jai giroaz gozatzeko. XVIII edizio honekin, heldutasunera iritsi da Bermeoko Arrain Azoka. Txalogarria izan da oso orain arte egin duen bidea. Orain, geroari begiratu eta lerro berriak jorratu behar ditu.

Hace una semana se celebraba el día de Europa. La fecha rememora la jornada en la que Robert Schuman hizo la declaración pública en la que anunció la puesta en marcha de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, germen remoto de la actual UE. Como cabía esperar, la fecha transcurrió sin pena ni gloria. En el mejor de los casos, tuvo lugar algún acto protocolario aislado y poco relevante que, por supuesto, en ningún caso revistió entidad suficiente como para neutralizar el impacto público de las angustiosas noticias que todos los días nos abruman en relación con Europa.

La idea de Europa ha despertado entre nosotros evocaciones diferentes que, además, han ido evolucionando a lo largo del tiempo. Hubo un tiempo en el que marcó un horizonte de esperanza. Ortega se refirió a ella como la solución; el problema, a su juicio, era España. Los nacionalistas vascos, que siempre miramos al continente -aunque también a las islas- nos adherimos al proyecto europeo en 1933, con ocasión del Aberri Eguna celebrado ese año en Donostia bajo el lema Euskadi-Europa. Europa era, entonces, sinónimo de futuro, desarrollo y modernidad.

Después, durante el franquismo, la propaganda oficial nos la vendió como la oscura fuente de los horrores. Europa significaba libertinaje, herejía, disipación, e indecencia. Sus símbolos más ignominiosos eran el protestantismo, la guillotina y El último tango en París. Nada positivo cabía esperar de un cenagal semejante. Por eso se cerraron las fronteras a cal y canto.

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Un grupo de empresarios vascos me contó en una ocasión que el día 2 de marzo de 2009 se trasladaron a Madrid con el propósito de participar en una reunión de negocios. La víspera se habían celebrado en Euskadi las elecciones autonómicas de las que salió el Gobierno vasco actual. Todos los titulares de prensa se hacían eco de los resultados arrojados por las urnas y, en un inusitado alarde de independencia e ìmparcialidad, alguna cabecera destacaba con singular énfasis el hecho de que dichos resultados permitían, por fin, desalojar al PNV de las instituciones autonómicas y constituir un Gobierno alternativo, apoyado exclusivamente en los escaños del PSE y del PP.

En el trayecto hacia Madrid, los empresarios vascos discutieron ampliamente sobre si el PSE iba a ser capaz de embarcarse en semejante aventura. Era el tema de la jornada. A la mayoría de ellos le parecía imposible que, tras una campaña centrada en cantar las bondades del pacto entre diferentes y en negar apodícticamente la hipótesis de un pacto con los populares vascos, el PSE fuera a optar por aquella estrategia. Había opiniones discrepantes, es cierto; perola percepción de la mayoría era la expresada. En cualquier caso, todos dudaban. Ninguno de ellos se atrevía a vaticinar con certeza y de un modo terminante lo que iba a suceder.

Sin embargo, cuando llegaron a su destino descubrieron con sorpresa que entre sus interlocutorios madrileños nadie dudaba. Ni uno sólo de los empresarios con los que se reunieron en la Villa y Corte pensaba que, con aquellos resultados en la mano, fuera posible que López y Basagoiti no se fundieran en un abrazo patriótico para desplazar a los nacionalistas vascos y formar un gobierno de signo españolista. Veían claro que no había otra opción. A su juicio, la opinión pública española no iba a tolerar que se desaprovechase aquella oportunidad histórica para arrinconar al nacionalismo vasco y encarrilar la política vasca por la senda del constitucionalismo esencialista. Es más, estaban absolutamente seguros de que si los socialistas se resistían a pactar con el PP, iban a ser severamente sancionados por el electorado español. No iban a correr ese riesgo.

Los hechos dieron la razón a los empresarios madrileños y puso en evidencia la excesiva buena fe de los vascos. En cuestión de días, el engranaje pactista se puso en marcha y el acuerdo fue un hecho. Así nació la era López-Basagoiti.

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Acabamos de asistir a la enésima representación teatral de la cadena de desencuentros que jalonan la relación entre López y Basagoiti. Nunca antes se había visto a dos personas tan unidas riñendo tanto. En el primer día -en aquella gloriosa jornada en la que firmaron el pacto de acumulación de fuerzas españolistas que puso a López en Ajuria Enea- todo fueron besos y abrazos; sonrisas y promesas. Pero desde entonces, todo han sido codazos y pisotones cruzados; codazos y pisotones que, sin embargo, no les han impedido continuar caminando juntos durante tres largos años.

Ahora dice Basagoiti que López no mira a Euskadi sino a Madrid; que no ejerce de lehendakari de los vascos, sino de sargento zapador al servicio de Rubalcaba. Y es cierto. Lleva razón: López mira solícito a Madrid. A sus superiores de Ferraz. A la espera de órdenes para desplegar en Euskadi las estrategia políticas diseñadas en la Villa y Corte. Lo que no dice Basagoiti es que él hace lo mismo. También mira solícito a Madrid. A sus superiores de Génova. Y porque ambos miran a Madrid, la estrategia de gobierno que han compartido no ha estado centrada en dar satisfacción a los deseos y aspiraciones de los ciudadanos vascos, sino en responder al plan diseñado en la capital de España para atar en corto a Euskadi.

Pero también López tiene razón cuando acusa a Basagoiti de «hacer seguidismo» de las políticas de Rajoy. Claro que lo hace. ¿En qué consiste su misión más que en legitimar y aplicar en Euskadi las pautas políticas emandas de Génova? Pero López -que en esto, insisto, tiene toda la razón- oculta el hecho de que también él «hace seguidismo». No de Rajoy, evidentemente, sino de los líderes del PSOE: antes de Zapatero y ahora de Rubalcaba. De hecho, sus lamentos  y protestas por los ataques al autogobierno vasco y al Estado del bienestar han dado comienzo justo en el momento en el que Zapatero ha sido apeado de la presidencia del Gobierno español. Los famosos recortes sociales del 10 de mayo de 2010, no provocaron una sola queja de López. Ni una sola. Y las vulneraciones competenciales que provocaron los reales decretos-leyes que el Gobierno de Zapatero pactó con el PP para reformar el sistema financiero, tampoco suscitaron inquietud alguna en el Gobierno que preside. La Generalitat examinó detenidamente aquellas normas y acordó recurrir una de ellas. López, mientras tanto, disimulaba mirando para otro lado. Sólo ahora, al final de su mandato, se le ha encendido la furia resistente.

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La noticia política de esta mañana se encuentra en el resultado de las elecciones presidenciales francesas. Todos los titulares de prensa dedican especial atención a ese motivo informativo. También se han celebrado comicios en Grecia -con unos resultados dignos de ser analizados, dicho sea de paso-  pero los medios no les atribuyen tanta importancia en el inmediato devenir de Europa. De ahí que ocupen un segundo plano en las portadas de los diarios.

Sarkozy y Zapatero en un gesto afectuoso

Personalmente, me alegro de que Hollande se haya impuesto a Sarkozy en la jornada electoral de ayer. Creo que es una buena noticia en lo político y, por supuesto, en lo económico. Ya anticipé hace unos días los positivos efectos que su acceso al Eliseo puede comportar en el rumbo de las políticas económicas impulsadas desde la UE (véase el post titulado «Diez razones para diez enmiendas», publicado en este blog el 25.04.12). Su acceso a la suprema magistratura francesa permite abrigar la fundada esperanza de que, por fín, las políticas de rigurosa austeridad procedentes de Europa, encontrarán el imprescindible complemento de una apuesta pública por el estímulo de la economía y el crecimiento.

Hace tres años, en abril de 2009, Sarkozy cursó una visita de Estado a Madrid. Como hice notar en aquél momento, fue una visita desaforadamente teatral y literalmente volcada en la puesta en escena (ver el post titulado «Carla Bruni ha estado en Madrid. Bueno, y también Sarkozy», publicado en este blog el 29.04.09). Alentada por los medios de comunicación, la opinión pública prestó más atención al primoroso estilo de la primera dama que a la agenda de trabajo del presidente. Tras el obsesivo empeño de comparar a Carla con Letizia -al que no sólo se apuntó la prensa del corazón sino también las cabeceras aparentemente serias- se impuso una sonrojante sensación de superficialidad. La pasión adolescente que el presidente exhibió públicamente hacia su glamorosa esposa, encandiló a unos e irritó a otros, pero a nadie dejó indiferente. En cualquier caso -y aquí radica el problema- casi todos centraron sus focos de atención en ese aspecto de la visita.

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Bermeoko abertzale historikoen zerrenda honetan, ezin dezakegu bazterrean utzi Jose Arzadunen irudi bitxia. Jeltzale berezi-berezia izan zen Arzadun. Eta gaurko begietarako horrela bada, are gehiago oraindik hasierako denbora haietan EAJren baitan nagusi ziren irizpideetarako.

Jaiotza eta sendia

Jose Arzadun, Bilbon jaio zen 1859 urtean. Baina jaioterria gora-behera, bermeotarra izan zen bihotzez eta joeraz. Bermeon bizi eta bertan hil baitzen 1903ko abenduan. Bere sendi guztiak ere Bermeon izan zuen abiapuntua.

Jose Arzadun Zabala. "El jaunchu basoqui", Bermeoko liberalen esanetan

Jose Arzadun Zabala. «El jaunchu basoqui», Bermeoko liberalen esanetan

Aita, Julian Arzadun Arreta-Maskarua, bilbotarra zuen. Ama, berriz, Kornelia Zabala Bakeriza, bermeotarra. Julianek eta Korneliak osatutako bikotea Bermeon ezkondu zen 1857ko maiatzaren 18an. Eta Bilbon jaiotako Joseren ostean -berau baitzen seme nagusia- hainbat seme-alaba izan zuen Bermeon: Joaquin (1861an jaioa), Juan (1862), Julian (1865-1866an hila), Pilar (1866), Julian (1869-1871an hila), Beatriz (1870-1873an hila), Andres (1871) eta Antonio (1873).

Neba-arreba hauen guztien artetik, Juanek hartu zuen, batez ere, izena eta ospea. Artilleriako jenerala izatera heldu zen eta Gipuzkoako gobernadore militarraren lekua bete zuen hainbat urtetan. Segoviako Akademiako zuzendaria ere izan zen. Primo de Riverak kendu zuen kargutik, diktaduraren kontrako jarrera hartu zuelako. Baina gure artean ezaguna bada, sorkuntza literarioan egin zuen lanagatik dela esan dezakegu, eta ez milizian osatu zuen ibilbideagatik. Izan ere, idazle oparoa izan zen Juan. Emankorra eta zabala; arlo asko jorratzen dakiten horietakoa. Poesiak, ipuinak, antzerkiak eta saioak argitaratu zituen. Denetarik apur bat. Gaietan ere anitza izen zen. Euskaltasunaren ideia, behin baino gehiagotan jorratzen zuen bere lanetan. Militarra izan arren, «A la Patria Euskara» bezalako olerkiak argitaratu baitzituen. Eta jaioterria ere -Bermeo eta bermeotarrak- maiz agertzen dira bere idazkietan, hala nola, “Tiadoro el pescador” izenburuko ipuinean edota “El campo santo de Bermeo” olerkian (Ikus. «Juan Arzadun Zabala, idazle bermeotarra gogoan«)

Baina utz dezagun Juan anaia eta etor gaitezen berriro post honetako protagonistarengana.

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Junto a la tapia exterior del cementerio de Begoña luce una pintada reciente, ejecutada con pintura negra y excelente letra, que dice: «Iraultza ala hil». Es una calco textual, expresado en euskera, de la conocida consigna «Revolución o muerte», muy extendida entre los líderes y cabecillas de la izquierda iberoamericana más irredenta. Un amigo me refirió un día que, tiempo atrás, se había encontrado en Cuba con una pintada que llevaba ese mismo texto, junto a la cual, una mano furtiva había añadido la frase: «valga la redundancia». Evidentemente, no le creí. Me pareció imposible que un mensaje tan corrosivo para el régimen castrista pudiera permanecer expuesto en una calle de Cuba durante más de 24 horas.

Una canción revolucionaria de los heróicos tiempos de la Sierra Maestra, expresa una idea semejante a la que encierra este lema: «Primero dejar de ser/primero dejar de ser/primero dejar de ser/que dejar de ser revolucionario». La tonadilla tiene fuerza y ritmo. Es francamente atractiva. Pero seguro que más de uno de los que fueron excluidos por el régimen de Castro podrían darle la vuelta al argumento y objetar que a muchos cubanos se les obligó a dejar de ser, precisamente porque dejaron de ser revolucionarios.

Pintada en azul en las escaleras que conducen a la basílica de Begoña

Pintada en azul en las escaleras que conducen a la basílica de Begoña

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El pasado viernes dí una charla sobre temas de actualidad política en un batzoki de Bizkaia. Afuera llovía a cántaros -el mes de abril ha hecho justicia al refrán que pronostica «aguas mil»- pero en el interior del local se percibía el calor propio de una organización viva y pujante. Cuando concluí mi intervención, el presidente de la organización municipal abrió un coloquio en el que se me formularon muchas preguntas. La actualidad está henchida de noticias inquietantes que suscitan interés y preocupación. El toma y daca estuvo interesante. Todos hablamos con claridad y franqueza.

Al término del acto, un joven que había planteado varias cuestiones durante el coloquio, me retiró aparte y me preguntó cómo podía acceder a las enmiendas planteadas por Amaiur contra las principales iniciativas legislativas del Gobierno de Rajoy. Según me dijo, está elaborando un estudio politológico sobre la labor institucional de una formación política que ha hecho -y sigue haciendo- mucha política alternativa e incluso abiertamente anti-institucional. Por supuento que me presté a ayudarle. «¿Qué enmiendas son las que interesan?», le pregunté. «Para empezar -me respondió- las que han presentado contra las tres leyes que estos días acaparan los titulares de prensa: la de Estabilidad Presupuestaria, la reforma laboral y la de Presupuestos para 2012. Si no te importa -añadió- ya te iré pidiendo más material en el futuro». Quedamos en que haría la búsqueda y le remitiría los materiales que le interesaban tan pronto como diese con ellos.

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Hoy, 30 de abril, se cumplen 75 años desde que las tropas de Franco, con los flechas negras de Mussolini a la cabeza, entraron en Bermeo con la firme determinación de embridar a sus habitantes en torno a los principios que inspiraron Alzamiento. Hace algún tiempo publiqué en este mismo foro una entrada bastante extensa en la que recordaba, con datos extraídos del archivo local y de la memoria personal de algunos de sus protagonistas, lo que representó la II República en la política local bermeana (ver «La II República y la ocupación franquista en el gobierno local de Bermeo«, 4.05.11). El relato concluía con una breve referencia a la entrada de las fuerzas rebeldes en el pueblo y al cambio -súbito y radical- que ello supuso en la composición y orientación política del gobierno municipal.

Alguien me acusó entonces de defender una visión maniquea de la II República y de la guerra civil, que distinguía entre nacionalistas buenos y españolistas malos. Huelga decir que la imputación carecía del más mínimo fundamento. Nunca he sostenido algo semejante. Ni he postulado que la guerra civil fuera, en Euskadi, un enfrentamiento bélico entre vascos y españoles, ni he defendido que constituyese una guerra imperialista de España contra el pueblo vasco. Las cosas, para bien o para mal, fueron bastante más complejas que eso.

Lo que me extrañó -es un decir- fue el esfuerzo que desarrollaron los críticos para hacer encuadrar mi trabajo en un esquema simplón, infundado y distorsionado hasta la caricatura; como si todos los nacionalistas vascos estuviéramos abocados a encajar en el tópico ridiculizante que algunos han diseñado para denostarnos con más facilidad. Y digo esto porque, en aquél post no pretendía ofrecer una interpretación general sobre lo que supuso aquella etapa histórica en el País Vasco. Mi pretensión era mucho más modesta. Y así lo expresé en el texto. Sólo aspiraba ofrecer, ordenados y sistematizados, un conjunto de datos históricos sobre Bermeo, que en absoluto pueden ser extrapolables al conjunto de Euskadi.

El batzoki de Bermeo cuando fue inaugurado, en 1934

Y lo cierto es que -guste o no guste, pero esa es ya otra cuestión-, en Bermeo, durante la etapa republicana, el juego político estuvo muy marcado por el enfrentamiento entre los nacionalistas vascos, por un lado y, por otro, las fuerzas políticas republicanas y de izquierdas que, por contraposición, podríamos agrupar bajo el título común de nacionalistas españoles. El eje político nacionalista vasco/nacionalista español, eclipsó casi por completo al eje derecha/izquierda, e incluso al eje monarquía/república. Y en la confrontación nacionalista, dicho sea de paso, el polo vasco adquirió un carácter claramente hegemónico, frente a la acotada minoría que representaba el contrario.

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Hubo una época en la que los dirigentes de la izquierda abertzale reivindicaban el derecho de los presos de ETA a cumplir íntegramente  las condenas que les habían sido impuestas por los tribunales españoles. No estaba bien visto acceder a los beneficios penitenciarios. Se consideraba un signo de debilidad; de renuncia; de claudicación. Algo equivalente a mancillar la militancia dejándose seducir por los insidiosos guiños de complicidad del enemigo. Recuerdo el caso de un preso apodado Txomiñena, que llegó a denunciar el hecho de que las autoridades penitenciarias le hubieran concedido el tercer grado sin que él lo hubiese pedido. Eran otros tiempos, evidentemente. Cumplir íntegramente las penas impuestas por el régimen represivo era reputado como timbre de gloria; como la plausible expresión de una militancia firme, que no cedía ante las trampas tendidas por el Estado opresor.

Hoy no es frecuente que los presos de ETA desprecien los beneficios penitenciarios a los que se pueden acoger. Y menos aún que renuncien a los ya obtenidos. Antes al contrario, lo habitual es que se aferren a ellos como un clavo ardiendo. Así lo estamos viendo, entre otros, con todos aquellos que se han visto afectados por la conocida como doctrina Parot, que fue definida, como se sabe, en la sentencia del Tribunal Supremo 197/2006, de 28 de febrero.

Reconozco que cuando tuve conocimiento de la sentencia a través de los medios de comunicación, la música no me sonó bien. Sin ser especialista en Derecho Penal, me pareció que alterar in peius un criterio jurisprudencial tan arraigado como el que venía a modificar el Tribunal Supremo y en un ámbito tan relevante para la duración efectiva de las penas, no casaba bien con la cultura de las garantías y con la regla de la irretroactividad de las normas penales no favorables que había estudiado en la Universidad. Pese al tiempo transcurrido, recuerdo que comenté el caso con Diego López Garrido, que por aquella época ejercía de portavoz de los socialistas en el Congreso. Su impresión coincidía con la mía. Aquello parecía un atropello sin cuento. Tenía todas las trazas de una arbitrariedad sacada de la manga con el propósito de obstaculizar el buen fin del alto el fuego que ETA iba a decretar en breve. No podía ser constitucional. Su comentario fue expeditivo: «Eso lo echará para atrás el Tribunal Constitucional». Esto último -huelga decirlo- yo no lo tenía tan claro.

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