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Archive for 9/05/08

El último fin de semana releí Los Justos de Albert Camus. Se trata de una obra de teatro que fue estrenada en París el 15 de diciembre de 1949. Su argumento nos remite a la Rusia zarista y desarrolla, con una extraordinaria agudeza, el modo en el que un grupo de terroristas -socialistas revolucionarios- afronta el dilema ético que se le presenta cuando, en el momento de ejecutar el atentado que habían planeado contra “el gran duque”, descubren que la explosión de la bomba preparada, podía provocar la muerte de los dos niños que acompañaban al dignatario en el lujoso carruaje que le conducía al teatro.

Entre los personajes del drama, todos ellos muy bien caracterizados, destaca la figura de Stepan Fedorov, un activista que tres años atrás había sido detenido al cometer una acción terrorista y conducido a una cárcel en la que había padecido los rigores de un cautiverio brutal.

Stepan es un revolucionario puro e intransigente. Es la encarnación del fanatismo. En su jerarquía de valores, la revolución se sitúa en la cúspide. Todos los demás valores y principios se le subordinan de una manera tan absoluta que la revolución lo justifica todo: la mentira, la traición y hasta la muerte de un niño inocente. Para Stepan, la revolución constituye el único bien auténtico del mundo. Y la revolución es sinónimo de violencia. Ante quien opina que “la poesía es revolucionaria”, objeta con firmeza: “Sólo la bomba es revolucionaria”.

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