Hace algún tiempo -ocurrió en torno al mes de abril de 2008- recibí un correo electrónico en el que, un joven estudiante aragonés solicitaba mi aquiescencia para incluir este blog en un estudio académico que tenía previsto llevar a cabo, para comparar, con criterio y método científico, blogs corresponientes a diferentes personajes políticos en activo. Le interesaba, según me dijo, comparar mi blog con el de Patxi López.
Por aquel entonces, este blog estaba en paños menores. Acababa de arrancar y era obvio que no ofrecía base suficiente como para que pudieran atribuírsele una trayectoria clara y unas características más o menos definidas. Era un recién nacido, titubeante e inseguro, que carecía aún de personalidad propia. Por no tener, ni tan siquiera tenía asegurado su futuro. De hecho, no estaba yo muy convencido de que fuera a continuar con él. Era evidente, pues, que no servía como referencia válida para un estudio comparativo. Así se lo hice ver al joven investigador, a quien expresé, por supuesto, mi disposición a colaborar en su interesante trabajo, aunque advirtiéndole, al mismo tiempo, de las serias reservas que abrigaba en torno a la idoneidad de mi blog para el estudio que quería acometer. Le sugerí, por ello, que optase por el de Iñaki Anasagasti, que pertenece al mismo Partido Político y contaba ya, en aquel momento, con un largo recorrido tras de sí.
La corrección política española ha instituido unos hábitos lingüísticos que, en ocasiones, producen efectos enormemente paradójicos. Uno de ellos, que me afecta directamente en mi condición de militante y parlamentario del PNV, es el que distingue entre lo nacional y lo nacionalista.