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Posts Tagged ‘elecciones’

Esta mañana he estado en Portugalete, respondiendo a las preguntas que me formulaban los periodistas de una televisión turca que está elaborando un reportaje sobre Euskadi. También he aprovechado la estancia en la villa jarrillera para visitar una oficina electoral que el PNV ha abierto en el centro del pueblo y animar a los militantes y simpatizantes jeltzales de cara a la campaña electoral. No habíamos abandonado aún el barrio Repelega -los recorridos de campaña, en Portugalete, siempre se llevan a cabo desde arriba hacia abajo- cuando me ha llamado la atención un cartel pegado a la pared que no conocía. Como he advertido, desde la distancia, que exhibía algunos símbolos habituales de la izquierda abertzale -la estrella roja y el puño cerrado- me he acercado para verlo más de cerca.

En un primero momento me ha dado la sensación de que se trataba de un cartel olvidado de la época -cada vez más lejana- en la que una aguerrida y consecuente izquierda abertzale postulaba la confrontación abierta contra el Estado español y pedía a sus seguidores que se abstuviesen en las elecciones generales, a fin de no legitimar la represión y dejar claro que el pueblo vasco apuesta por la independencia y no quiere saber nada con las instituciones de la España imperial. Pero enseguida me he dado cuenta de que no es así. El cartel, en efecto, preconiza la abstención y afirma que “El Pueblo Trabajador Vasco no se rinde”. Pero el mensaje que incluye en su cabecera es muestra inequívoca de que no se trata de una reliquia histórica, sino de un cartel que acaba de pasar por la imprenta. No es un cartel del año 2000, 2004 ó 2008, como los que he reproducido en otras entradas de este blog para expresar mi sorpresa por el radical cambio de actitud que ha tenido lugar en la izquierda abertzale con respecto a su participación en unos comicios españoles (ver, por ejemplo, “¡Españoles, a votar el 20-N!“, publicado el 1.10.11 y “¿Por qué ahora sí?”, que vio la luz el 13.13.11) . Es reciente y no hay duda alguna de que está diseñado para las próximas elecciones generales; para las que tendrán lugar a finales de este mes. Su mensaje principal dice: “El 20-N no contéis conmigo”. No habla, como se ve, de los comicios del 12 de marzo (año 2000), del 14 de marzo (2004) o del 9 de marzo (2008). Alude a los del 20 de noviembre. A los que convocó Zapatero el 26 de septiembre de este año.

El cartel, adornado con la simbología habitual de la izquierda abertzale, predica la abstención, pero para las elecciones generales que van a tener lugar en este mismo mes. Para las mismas elecciones en las que la cartelería oficial de Amaiur nos pide que olvidemos su pasado abstencionista y nos invita a participar con el máximo entusiasmo, como si fuéramos exacerbados patriotas españoles, sumamente interesados en el devenir político de la nación -perdón, Nación- única e indivisible que se consagra en la Constitución de 1978.

Hace unas semanas publiqué un post en el que expresaba mi extrañeza por el hecho de que una cuestión -la de la participación en las elecciones generales del Estado español- que siempre ha sido objeto de debate y controversia en el entorno de la izquierda abertzale, se haya resuelto en este caso tan sencilla como apaciblemente, sin discrepancias y ni disidencias (Cfr. “¿Se trata de utilizar los foros burgueses para la propaganda revolucionaria?”, publicado el 17 de agosto de este año). Ya entonces, algún comentario hacía referencia a la existencia real de un debate interno que no por mantenerse soterrado es menos real. Lo leí con escepticismo, lo admito. Nunca he creído demasiado en la efectividad del derecho a discrepar en el seno de organizaciones tan jerarquizadas, opacas y monolíticas como las que existen en ese ámbito. Pero hoy compruebo que me equivocaba. Se ve que, en el seno de la izquierda abertzale, todavía quedan algunos resquicios de coherencia; gentes que se resisten a dejarse engañar y a hacer lo contrario de lo que han propugnado con severa vehemencia durante los últimos lustros. No se han batido el cobre contra la legitimidad institucional española para que ahora vengan dos señoritos pretenciosos y les fuercen a comerse sus actitudes y sus discursos contrarios a la legitimación de la “institucionalidad pesudodemocrática española”.

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La izquierda abertzale ha decidido participar con todas las de la ley en las elecciones generales convocadas para el 20-N. La decisión es suya y ha de ser respetada. Sin embargo, no es necesario gozar de una memoria especialmente prodigiosa para recordar que, desde el año 2000, venía haciendo una campaña tan intensa como agresiva en contra de la participación en estos comicios. Una campaña -es preciso subrayarlo- que no descansaba sobre razones coyunturales o de oportunidad vinculadas a las circunstancias del momento, sino sobre principios estratégicos y hasta ideológicos, de carácter estructural y permanente. De ahí la sorpresa -mayúscula sorpresa- que produce su cambio de actitud. Porque, cuando una formación política toma posiciones apelando a la coyuntura, nadie puede reprocharle que cambie de criterio, si las circunstancias han cambiado. Pero cuando las actitudes políticas se justifican invocando los principios, su alteración sugiere de inmediato la grotesca imagen de Groucho Marx, cuando decía aquello de “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.

En las elecciones de marzo de 2000, propugnó la abstención con una tenacidad digna de encomio. Predicó el rechazo a los comicios españoles con una vehemencia difícilmente repetible. Y no fue -como algunos creen, ahora, sin duda equivocadamente- por efecto de la ilegalización. En aquella época no se había aprobado todavía la Ley de Partidos. Todas las siglas eran legales. A nadie se le impedía formar candidaturas y someterlas libremente al dictado de las urnas. Euskal Herritarrok -la sigla del momento- gozaba, pues, de plena libertad de movimientos. Empero, la izquierda abertzale hizo votos por la abstención, arguyendo que el boicot constituía el modo más claro y eficaz de plantarse ante unas instituciones impuestas, que vulneran nuestros derechos nacionales y niegan nuestra condición de nación diferenciada. La decisión -así se dijo- se situaba por encima de la coyuntura política. Era una posición de fondo; básica; de principio. Se ponía en juego nada menos que la dignidad de la nación vasca. Según afirmaba un documento interno de la izquierda abertzale, no era admisible andar a medias tintas; “no se puede -argüía- jugar al mismo tiempo allí (en Madrid) y aquí (en Euskadi). Es preciso -concluía- optar de una vez por todas entre Euskal Herria y España”.

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Rebuscando entre viejos -y no tan viejos- papeles, he encontrado el cartel que una organización juvenil de la izquierda abertzale difundió, con fruición, por todo lo largo y ancho de las tierras vascas, durante las semanas previas a las elecciones generales del 12 de marzo de 2000. Se trata de un cartel que, obviamente, hace votos por la abstención. Eran -recuérdese- tiempos de boicot. Los supremos gestores de la ortodoxia nacionalista exigían ignorar aquellos comicios y plantarse ante ellos. Participar en unas elecciones convocadas para cubrir las Cortes Generales de España era, para ellos, un pecado de lesa patria para un nacionalista vasco; la mayor y más grave infracción en la que un abertzale podía incurrir para con su nación.

Jugando con el sarcasmo, el cartel hacía un llamamiento a todos los españoles para que participasen en sus elecciones. En las elecciones de los españoles. En unas elecciones en las que bajo ningún concepto deberían participar las formaciones políticas de inspiración nacionalista vasca. “ESPAÑOLES -decía con letras mayúsculas el mensaje central del anverso- A VOTAR”. Y renglón seguido añadía: “ARRIBA ESPAÑA, ARRIBA FRANCO, VIVA LA CONSTITUCIÓN”. En la parte superior, una banda compuesta por fotografías en blanco y negro, reproducía, de izquierda a derecha, un retrato en blanco y negro de Almunia -que fue, recuérdese, el candidato del PSOE en aquellos comicios- Iturgaitz, Arzalluz, Aznar y Mayor Oreja.

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Telesforo Monzon, Bergarako aristokrata, diputatu jeltzalea izan zen II. Errepublikako Gorteetan. 1933tik 1936ra bitartean izan zuen aulkia San Jeronimoko jauregian. Hala ere, oso gutxi parte hartu zuen bertako debateetan. Hiru aldiz bakar-bakarrik hartu zuen hitza. Garai hartako jeltzaleek, Gorteetako diputatuek egindako lana ezagutarazteko argitaratu zuten liburuxka baten arabera, hiru kasu hauetan izan zen: 1.- Incidente ocurrido en el Hogar Vasco de Madrid; 2.- Aplicación al idioma vasco de las normas pedagógicas establecidas sobre bilingüismo para el catalán; 3.- Campaña separatista en la región vasca (proposición no de ley del señor Calvo Sotelo).

Telesforo Monzon, Agirre, Horn eta Iruxorekin, laurak ere diputatu jeltzeleak izan ziren garaian

Harrez gero Madrilgo Gorteetara joatearen aurka agertu izan zen beti. “Fui diputado en Madrid y no lo volveré a ser” idatzi zuen behin batean. Zergatik? Min handia egin omen ziolako ondorengo hitzak bezalakoak entzun izanak: “¿Son o no, españoles sus señorías? Si lo son, ¿por qué no se someten a la mayoría? Si no lo son, ¿Por qué están aquí?”.

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Vivimos los últimos días de la legislatura. El mandato legislativo que arrancó en marzo de 2008 agoniza sin remedio. El adelanto electoral que Zapatero anunció a finales de julio ha anticipado en varios meses la disolución de las Cortes, forzando al Congreso a embutir los asuntos urgente -y los incorporados a última hora por el Gobierno- en los dos plenos-escoba que se han celebrado en el mes de septiembre.

En el hemiciclo se respiran ya los aires emotivos que suelen dominar el ambiente cámara cuando un  mandato toca a su fin. Algunos diputados ya no volverán más y se despiden de sus compañeros y hasta de sus contrincantes. Sus escaños serán ocupados por otros, del mismo o de diferente partido, y su nombre causará baja en el registro de diputados en activo, para pasar a inscribir en la lista de ex-diputados. El índice medio de renovación de la cámara en los cambios de legislatura es bastante elevado. Creo recordar que ronda el 40%. Y son muchos los que intuyen que, en este caso, ese índice se elevará considerablemente por encima de la medida.

Los diputados del PP están exultantes. Se les ve, en general, sonrientes y satisfechos. Hay excepciones, claro está. Los encuadrados en la oposición interna -los que no votaron a Rajoy en el último Congreso- temen que la dirección les aplique la guillotina en el proceso de confección de candidaturas. Su semblante, lógicamente, refleja inquietud y preocupación. Pero no es esa la tónica general. Predominan los espíritus felicesy animados . No diría la verdad, sin embargo, si dijese que andan avasallando. No lo están. O no es esa, al menos, mi impresión. Se les ve contentos, incluso jubilosos, en algún supuesto, pero su alegría es contenida. Se les ve comedidos. Probablemente porque son conscientes de que un alborozo excesivo podría generar reacciones adversas entre los votantes. Y en alguna medida, también porque una excesiva relajación de los mecanismos de autocontrol podría llevarles a desvelar los planes que realmente abrigan para el supuesto de que ganen las elecciones y accedan a la Moncloa. Y no es cuestión de descorrer las cortinas, precisamente ahora, después de haber estado disimultando durante toda la legislatura. En fin, tampoco descarto la posibilidad de que, en algún caso, la contención obedezca a la preocupación que provoca en ellos la idea de pensar que, si las urnas, como parece, les otorgan el triunfo, tendrá que enfrentarse a una crisis feroz que arrasa, sin piedad, con todo lo que se le pone delante, ajeno a los éxitos electores y las mayorías parlamentarias.

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